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(Fuente: nationalmssociety.org)

Francesca Vargas Schebesta, que tiene esclerosis múltiple, es entrenadora del programa NeuroPong.

Cuando Francesca Vargas Schebesta empezó a jugar ping pong a los 9 años, sus hermanos mayores no siempre estaban dispuestos a jugar con ella, por lo que su padre le sugirió que tratara de darle bote a la pelota en la raqueta 50 veces seguidas para mejorar.

 

Esa tarde, practicó sola en el patio de su casa hasta que se puso el sol y alcanzó su meta. Así logró participar en los juegos familiares.

 

Ahora, la entrenadora de tenis de mesa con esclerosis múltiple ayuda a otros con la enfermedad a fin de que usen el deporte para aliviar sus síntomas. Esa misma perseverancia la ayuda a superar los propios.

 

Además, la inspira la determinación de sus alumnos, quienes vencen la fatiga y la falta de equilibrio y de coordinación para darle a la pelota y alcanzar sus propias metas.Es un papel que Vargas nunca planeó desempeñar.

 

A los 12 años de edad, tras perfeccionar sus dotes de ping pong con sus hermanos, Vargas se incorporó a la selección peruana. Pronto empezó a ganar campeonatos sudamericanos. El deporte le permitió viajar por el mundo, hacer muchas amistades y aprender sobre otras culturas.

 

En 2021, durante su último año de estudios universitarios de administración de empresas en Lima, Perú, trabajaba además como practicante en una clínica y daba clases de ping pong.“Sentía que estaba en el mejor momento de mi vida”, dijo Vargas, de 26 años.

 

Una mañana durante exámenes finales, perdió el equilibrio cuando trató de levantarse de la cama. Tenía vértigo, y el ojo izquierdo le temblaba.“Siento que me voy a caer”, le dijo a un médico. Cuando le hicieron pruebas de reflejos, la rodilla izquierda no reaccionó.

 

Más exámenes médicos y una tomografía por resonancia magnética confirmaron lo que los médicos sospechaban: tenía esclerosis múltiple.“No sabes cuánto lloré”, afirmó.

 

Por casualidad, la semana anterior había visto “100 metros”, una película basada en Ramón Arroyo, un joven español con esclerosis múltiple que se propuso completar un triatlón a pesar de que su médico le había dicho que pronto no podría caminar.

 

La película fue un curso acelerado sobre la enfermedad para Vargas, cuyo diagnóstico llegó el 26 de junio de 2021.“Al principio fue bastante duro aceptar lo que me estaba pasando”, aseguró. “Tanta incertidumbre, tantas dudas…”Después de pasar una semana en el hospital, Vargas inició un tratamiento y empezó a mejorar poco a poco. Decidió que la esclerosis múltiple no le impediría hacer lo que le apasiona. Ya había ganado el campeonato nacional de ping pong en Perú, pero decidió volver a competir por ese título. Ganó 3-0.

 

“Ese último punto fue tan especial”, dijo. Dado lo que había tenido que superar tras su diagnóstico, la victoria significó mucho para ella.Mientras trataba de fijar un nuevo rumbo, viajó a Colorado a visitar a un exentrenador.

 

Este le presentó a Antonio Barbera, MD, un médico con esclerosis múltiple que entonces creaba NeuroPong, un programa que ofrece lecciones de tenis de mesa a manera de rehabilitación a personas con enfermedades neurodegenerativas. Llegó a ser el siguiente paso para Vargas, quien ahora es su entrenadora principal.Hasta entonces, solo sabían que tenía esclerosis múltiple sus familiares y amigos cercanos.

 

“Tal vez llegó el momento de compartir mi historia”, se dijo. Decidió ser embajadora de la enfermedad por medio del tenis de mesa.Aseguró que durante las sesiones de entrenamiento aprende al igual que los participantes: cómo darles a los jugadores instrucciones personalizadas según su capacidad, cómo colocar la pelota de manera que contribuya a su éxito, cómo hacer que gocen del deporte a pesar de las restricciones físicas que tengan.A la vez, enfrenta problemas propios. Hay días en que la fatiga la fuerza a tomar descansos frecuentes durante las sesiones de entrenamiento. Las piernas le pesan como si fueran de elefante y tiene dificultad para caminar, aseguró.“Normalmente soy una persona que sonríe mucho, soy muy jovial, hago bromas, pero cuando estoy con fatiga, no puedo ir en contra de eso”.

 

No obstante, Vargas persevera con la esperanza de mejorar la calidad de vida de otros. Le encanta enseñarles lo que sabe a sus alumnos mientras disfrutan del deporte y la interacción personal. Está convencida de la capacidad del ping pong de mejorar su movilidad, coordinación y estado anímico. Y se siente agradecida por el apoyo que recibe de su nueva comunidad.“Esto me ha dado mucha alegría”, aseguró.Compartió una ocasión muy feliz con una mujer con esclerosis múltiple que tiene problemas de coordinación y dificultad para caminar.

 

Cuando esta empezó a jugar, Vargas le prometió que llegaría a darle a la pelota 10 veces seguidas. Tras dos meses de lecciones, aquella logró el cometido y lo sobrepasó.“Casi se pone a llorar. Me dio la mano, me abrazó”, recordó Vargas. “Fue un momento muy especial en el que dije, ‘qué agradecida estoy.’ Por eso es que estoy haciendo lo que estoy haciendo, por momentos así, por ayudar a la gente para que esté contenta y se sienta útil”.

 

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