(Fuente: larazon.es)
La inflamación provoca daños genéticos en la corteza cerebral, según demuestra un estudio publicado en Nature.
Durante décadas, la investigación sobre la esclerosis múltiple (EM) se ha centrado casi exclusivamente en la mielina, la sustancia que recubre y protege las conexiones entre las neuronas. Sin embargo, un nuevo descubrimiento internacional revela que la enfermedad va mucho más allá: la inflamación característica de la EM también provoca daños directos en el ADN de determinadas neuronas, lo que contribuye a su muerte silenciosa y al deterioro cognitivo progresivo.
El hallazgo procede de dos estudios publicados en el mismo número de la revista Nature y liderados por un equipo de investigadores de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), el Centro Médico Cedars‑Sinai y la Universidad de Cambridge. Según sus conclusiones, la inflamación crónica que se produce en el cerebro de los pacientes con esclerosis múltiple desencadena una cascada de reacciones químicas que dañan el material genético de neuronas clave para el pensamiento superior.
La esclerosis múltiple se diagnostica habitualmente cuando las resonancias magnéticas muestran lesiones en la sustancia blanca del cerebro, rica en mielina. Esta sustancia está formada por los «cables» que conectan unas neuronas con otras y su deterioro explica muchos de los síntomas motores de la enfermedad.
Sin embargo, desde hace años los neurólogos observan otro fenómeno menos visible pero igual de devastador: la pérdida progresiva de neuronas en la sustancia gris, especialmente en la corteza cerebral, la región responsable de funciones como la memoria, el razonamiento o la toma de decisiones. Estas lesiones son más difíciles de detectar con las técnicas de imagen convencionales, pero están estrechamente asociadas a las formas más graves e incapacitantes de la enfermedad.
Hasta ahora, el motivo por el que estas neuronas morían presentaba bastantes incógnitas.
Neuronas vulnerables al daño genético
Los investigadores centraron su atención en un subtipo concreto de neuronas de la corteza cerebral que expresan el gen CUX2. Estas células se forman muy pronto, durante el desarrollo del cerebro, en una etapa de crecimiento extremadamente rápida que somete al ADN a un fuerte estrés.
En el primer estudio, el equipo analizó cerebros de ratones en desarrollo para comprender cómo estas neuronas logran sobrevivir a ese proceso. Descubrieron que dependen de un gen llamado ATF4, que activa mecanismos de respuesta al estrés y permite reparar el ADN dañado mientras las células se multiplican y migran a su destino final en el cerebro.
Cuando los científicos eliminaron el gen ATF4, las neuronas comenzaron a acumular roturas en su ADN, lo que impidió el desarrollo normal de la parte frontal del cerebro. «Solo un subconjunto de neuronas era especialmente vulnerable al daño genético, y ATF4 resultó ser clave para su supervivencia», explicó Steve Fancy, profesor del Instituto Weill de
Neurociencias de la UCSF y coautor de los trabajos.
El mismo daño en cerebros humanos
El segundo estudio trasladó estos hallazgos a pacientes con EM. Al analizar muestras de tejido cerebral humano, los investigadores encontraron claros signos de daño en el ADN de las neuronas CUX2 situadas en las lesiones de la sustancia gris.
En modelos animales de la enfermedad, observaron que la inflamación activa reacciones químicas capaces de romper el ADN de estas neuronas. El problema es que los sistemas de reparación genética, suficientes durante el desarrollo, ya no pueden hacer frente a una inflamación persistente en la edad adulta. El resultado es la muerte progresiva de estas células y el deterioro cerebral asociado a la enfermedad. «Ahora podemos identificar un mecanismo concreto que explica la pérdida de estas neuronas vulnerables y empezar a combatir la esclerosis múltiple desde un frente completamente nuevo», señaló Fancy.
Un cambio de enfoque terapéutico
Este descubrimiento refuerza la idea de que, además de frenar la inflamación y promover la remielinización, será fundamental desarrollar estrategias para proteger directamente a las neuronas de la sustancia gris. Según los autores, las neuronas CUX2 podrían actuar como un «indicador temprano» del daño cerebral en la EM.
«Si logramos proteger estas neuronas, podríamos contener el daño antes de que la enfermedad progrese», apuntó David Rowitch, profesor de Pediatría en la Universidad de Cambridge y coautor principal del estudio.
Aunque los resultados no implican tratamientos inmediatos, sí abren una nueva vía de investigación centrada en preservar la integridad del ADN neuronal, un enfoque que podría ser clave para frenar el deterioro cognitivo en las fases más avanzadas de la enfermedad.



