La neuróloga Ana Zabalza analiza la realidad de esta enfermedad que afecta a más de 55.000 personas en España.
“La esclerosis múltiple es una enfermedad neurológica en la que el sistema inmunitario, diseñado para proteger el organismo, se convierte en su principal agresor”, explica el CaixaResearch Institute, el centro especializado en inmunología impulsado por la Fundación ”la Caixa”, en el que esta enfermedad constituye una de las líneas de trabajo orientadas a comprender mejor las enfermedades de origen inmunológico.
“Es una enfermedad crónica, con frecuencia invisible y aún sin cura, para la que la investigación en neuroinmunología abre hoy una puerta que hasta ahora no existía”, explican sus expertos.
Según sus datos, en España, más de 55.000 personas conviven con ella. Por eso, he hablado con Ana Zabalza, neuróloga del CEMCAT (Centro de Esclerosis Múltiple de Cataluña), en el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona, para que me cuente la realidad de esta enfermedad y su posible futuro. Spoiler alert: «Podemos ser positivos porque hemos avanzado muchísimo».
Sensatez y prudencia
Zabalza es una de esas profesionales de la Salud que hablan para ser entendidas. En un tiempo en el que el exceso de optimismo es una constante en relación a la investigación médica, habla con los pies en la tierra y fija las expectativas: “Los fármacos de ahora son muy buenos controlando la inflamación (y los brotes) y esto previene la progresión. El problema es para las personas que ya en una fase progresiva; con ellas es más dificil y con los fármacos actuales no conseguimos parar en seco la progresión, pero sí ralentizar la enfermedad”.
Según sus datos, en personas con formas progresivas de la enfermedad, en el mejor de los casos, el avance de la enfermedad disminuye en un 20% con los fármacos actuales. “Esto es lo que hay ahora y esto es el mejor de los pacientes”.
¿Qué es la esclerosis múltiple?
“La esclerosis múltiple es una enfermedad autoimmune causada por la pérdida de mielina de las neuronas. Esto provoca lesiones que son cicatrices en el cerebro y en la médula”.
En algunas ocasiones, estás lesiones puede dar sintomas neurológicos que se conocen como brotes. Cuanto mayor sea el número de lesiones y de brotes, “mayor es la probabilidad de una progresión más rápida y de tener más discapacidad”.
Presente y futuro de la investigación
Zabalza explica que la investigación actual se orienta a recuperar la mielina de las neuronas afectadas: «La remielinización sigue siendo una de las estrategias potencialmente más importantes para tratar la discapacidad de la EM. Hay fármacos comercializados que se a visto que a nivel de RM o otros marcadores tienen efectos remielinizantes pero también hay que están en fase muy experimentales. A pesar de que se ha documentado esta mejoría de la mielina, todavía no se ha conseguido demostrar una eficacia clínica”.
Esta experta asegura que «todavía no podemos poner fecha a la cura de la esclerosis múltiple» y que «falta mucho por investigar». Pero hay motivos para ser optimistas: «Por suerte, a pesar de que no podamos curar la enfermedad, podemos controlar los brotes y la inflamación casi por completo». «Es una enfermedad compleja, en la que intervienen factores genéticos, ambientales e inmunológicos”, explica. «A medida que conozcamos mejor las causas de estas y cómo interaccionan entre ellas, podremos encontrar tratamientos más especificos y avanzar tanto en la prevención como en la reparación del daño neurológico”.
Por su parte, Gabriel Rabinovich, que lidera uno de los grupos de investigación del CaixaResearch Institute, el primer centro de investigación especializado en inmunología de España, explica que “la esclerosis múltiple tiene un trasfondo inflamatorio que la convierte en un territorio donde la inmunoterapia tiene mucho que decir”.
En su caso, la investigación se centra en el estudio de las proteínas que actúan como reguladoras naturales de la inflamación, las galectinas. Ellas son las encargadas de ayudar al organismo a recuperar el equilibrio cuando la respuesta inmune se activa de forma excesiva. En patologías como la esclerosis múltiple, potenciar este tipo de respuestas podría ayudar a reducir el daño y proteger el tejido nervioso.
Prevenir no es fácil
Una condición imprescindible para que se desarrolle es estar infectado por el virus de Epstein-Barr, que es el que provoca la mononucleosis. Pero, Zabalza adiverte de que entre el 90% y el 95% de la población lo está. Por eso, una vacuna contra él sería un paso adelante en la prevención.
Otros factores, como fumar, la obesidad en la adolescencia, los niveles bajos de vitamina D y, en general, los hábitos poco saludables pueden “generar un estado proinflamatorio” que puede aumentar el riesgo. “Dicho esto, cuántas personas habrá que tienen todos estos factores y no tienen esclerosis múltiple y algunas que la tienen no cumplen casi ninguno de estos factores“, matiza.
Su recomendación es acudir a un especialista si se observa un síntoma neurológico persistente: “Alteración visual, problemas sensitivos como hormigueos, problemas motores, pérdida de fuerza -que puede ser muy obvia o que te cueste un poco más teclear- e incluso problemas de esfínteres”. Aunque estos síntomas pueden tener muchas otras causas, es importante valorarlos, especialmente en el tramo de edad entre 20 y 40 años, que es cuando se suele manifestar por primera vez la enfermedad.
Y manda un mensaje de esperanza: «Aunque todavía quedan retos por conseguir, la realidad de la EM no tiene nada que ver con hace decadas grácias a todos los avances de tratamientos que ha habido hasta ahora. Y toda la investigación actual permitirá mejorar aún más la calidad de vida de los pacientes».



