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La Federación Internacional de la Esclerosis Múltiple (MSIF) ha publicado el informe del Atlas de Esclerosis Múltiple 2026, basado en datos recopilados en 2024, que concluye que su incidencia sigue creciendo a nivel mundial. Actualmente se estima que 3,1 millones de personas conviven con la Esclerosis Múltiple en todo el mundo, la cifra más alta hasta la fecha tras un trabajo de campo que ha reunido información de 133 países, en la fotografía más completa disponible sobre prevalencia e incidencia.

 

El incremento respecto a 2020, cuando se estimaban en 2,8 millones de personas, se explica por una combinación de factores: diagnósticos más tempranos, mayor esperanza de vida de los pacientes, mejora de los registros sanitarios, mayor concienciación y crecimiento poblacional. Sin embargo, los autores advierten que no puede afirmarse todavía que el riesgo de desarrollar EM esté aumentando.

En datos

 

Alrededor de 3,1 millones de personas conviven con Esclerosis Múltiple en todo el mundo, lo que equivale a 38 casos por cada 100.000 habitantes.

Más de 120.000 personas son diagnosticadas cada año, lo que supone 330 nuevos casos diarios y un diagnóstico cada 4,4 minutos.

7 de cada 10 personas con EM son mujeres, quienes tienen entre 2 y 3 veces más probabilidades de ser diagnosticadas que los hombres.

Al menos 40.000 menores de 18 años conviven con la EM frente a los 30.000 en 2020.

 

A nivel global

 

En términos globales, el 83% de los países reportan obstáculos para el diagnóstico precoz, reseñándose como principales barreras la escasez de neurólogos, la baja concienciación sobre los síntomas y el coste y la falta de acceso a resonancias magnéticas y pruebas diagnósticas. La prevalencia es más alta en Europa y Norteamérica y más baja en África, Asia sudoriental y Pacífico occidental. Estas diferencias responden tanto a factores biológicos y ambientales como a disparidades en la capacidad de diagnóstico y registro.

 

Se mantiene la evidencia de que la EM es más frecuente en países alejados del ecuador. Como una de las hipótesis más aceptadas es la menor exposición a radiación UVB y menores niveles de vitamina D.

 

El informe destaca como principales recomendaciones el diagnóstico precoz, la mejora de los sistemas de datos, políticas basadas en evidencia y atención adaptada.

 

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